Rumbo a Beijing 2008: historias de amor olímpicas III (y final)

Os venía mostrando aquí y aquí algunos de los romances más sonados de la historia de los Juegos Olímpicos. Os prometí que con el correr de las horas iba a presentar a vosotros al culebrón más impactante desarrollado junto a la bandera blanca de los cinco anillos multicolores.

Sucedió en la segunda mitad del Siglo XX, en el marco de los Juegos Olímpicos de Melbourne ’56.

 

Harold Connolly (Estados Unidos) se consagró ganador de la prueba de lanzamiento de martillo y luego de celebrar con la medalla dorada en su pecho fijó su atención en la checoslovaca Olga Fikotova.

 

Fikotova había logrado la presea dorada en la disciplina de disco y cuando ambos celebraban sus victorias, Cupido los flechó.

 

Este hecho hoy sería algo más que normal y común y todos estaríamos viendo la felicidad de ellos en las portadas de las revistas del corazón, pero lamentablemente en esos tiempos estaba en el mundo con todo su vigor la llamada Guerra Fría y ese romance desató un dilema internacional.

 

El propio Connolly debió pedir la mano en persona de Fikotova al mismísimo presidente checoslovaco. El mandamás del país comunista aprobó esa unión y se casaron, civilmente, ante 40.000 personas.

 

El amor se terminó en 1973, cuando ambos se divorciaron… La cortina de hierro iba a tardar casi dos décadas más en ser derribada pero la pareja no se sostuvo hasta ese momento…

 

Beijing 2008 tendrá una Villa Olímpica colmada pro más de 10 mil atletas que buscaran medallas, diplomas y tal vez el amor…

Escrito por Mariano M. Fernández | 6 de Agosto de 2008 con 0 comentarios.
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