Justicia poética tras el GP de China
Ayer vi la carrera de Fórmula 1. Y en directo. Motivado por un capítulo más de la serie “el insomnio y yo” pero, bueno, es algo que no viene al caso. De hecho, tampoco la vi entera. Al final, arrullado por el ruido de los motores, caí rendido. Pero tuve tiempo suficiente para ver cómo Lewis Hamilton tenía que abandonar. Y debo confesarlo: me alegré.
Pero no porque este humilde servidor sea alonsista (esa virtud no la tengo), sino por las injusticias que su equipo está cometiendo con él.
Nunca me ha gustado el provincianismo barato, ése de “le apoyamos porque es de aquí”, por eso mismo no me gusta la estrategia que emplea el equipo McLaren con Hamilton. Escudería británica y piloto de igual procedencia, pues hala, a favorecer al chaval. Y al actual campeón del mundo, es decir, Fernando Alonso, que le vayan dando.
Hay que respetar las trayectorias y, por mucho que Hamilton sea un buen piloto, que no lo pongo en duda, el número 1 de la escudería, mientras no se demuestre lo contrario, es Alonso. Por experiencia y por trayectoria.
Bien es cierto que cuando a Alonso le vienen mal dadas, siempre encuentra una excusa. Que si el coche, que si la pista, que si la abuela fuma… Pero dejando aparte la prepotencia del asturiano, inherente a todos los pilotos (cuando uno participa en un deporte de élite en el que sólo compiten 22 personas en todo el mundo supongo que es normal perder la perspectiva), es cierto que McLaren se ha pasado por el Arco del Triunfo el respeto que merece un campeón del mundo.
Pero como la vida, a veces, es muy justa, Alonso tiene la oportunidad de revalidar su título en el último Gran Premio de la temporada en Brasil. Espionajes y asuntos oscuros aparte, es una oportunidad que se merece, aunque sólo sea por la falta de respeto que McLaren le ha demostrado. Justicia poética se llama.
Imagen: Eurosport
Escrito por Antonio López |
8 de Octubre de 2007 |
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